Casi todos cuando nos presentamos comenzamos hablando de lo que somos yo quisiera comenzar contando lo que fuí y si cuando llegue al punto de lo que soy, aún mantengo despierto tu interés, entonces podría platicarte de lo que me gustaría ser.
Nací en el año 67, bajo el signo de tauro, el siete de mayo según consta en actas.
De mis primeros años no tengo recuerdos, salvo algunas fotos que atestiguan el hecho y la imagen esa sí muy clara, de yuma, mi perrita.
En realidad mi memoria comienza a llevar registro a partir de mis cinco años, edad en la que descubrí que formaba parte de una familia integrada por seis hermanos, tres mujeres y tres hombres, yo era el más chico, además estaba mi mamá y mi papá.
A los cinco años entré al kínder, ahí tuve mis primeros amigos, Joaquín, Cristobal y Laurita; y es justo a partir de que hoy vi mi vieja foto del kínder que me animé a escribir.
Recuerdo que el primer día de clases llevaba mi uniforme con un olor a nuevo, que se mezclaba con alguna loción con la que mi mamá
o mi hermana mayor me perfumaron para causar supongo una buena impresión.
A la entrada había que caminar un pasillo que del lado izquierdo tenía un jardín grande y verde y del lado derecho las aulas, en cuyas puertas se ubicaban las maestras que iban "jalando" hacia el interior del salón a los alumnos que les tocaban de acuerdo al color del gafete que llevabamos sobre nuestro sueter rojo.
Miss Maru, fue quien me "jaló" a mi: Tú eres de aquí - me dijo y ahí empezó mi etapa de kínder.
Miss Maru (María Eugenia) era una muchacha alta y muy delgada, su aspecto era muy frágil y podría decirse que hasta enfermizo, lo cual confirmé años después cuando supe que padecía del corazón.
Sus ojitos y su sonrisa desde el principio me fascinaron, creo que pudo haber sido mi primer amor, pero en mi salón también estaba Olguita.
Joaquín no tenía los dientes de enfrente, lo cual hacía más graciosa su sonrisa y ese era el motivo por el que constantemente lo hacíamos reir. Su risa era contagiosa.
Con él era con quien más tiempo pasaba, con él y con Cristobal con quien también jugaba a ser ultraman y luchabamos en el arenero. ¡Cómo me encantaba el arenero!
Pero sin duda lo que más disfrutaba era la compañía de Olguita, que desde el primer día fue mi novia. olguita era muy menudita, su cabello negro con una colita de caballo y su fleco contrastaba con el rosa tenue de su piel y enmarcaba perfectamente su carita fina y sus cejas delineadas.
Olguita, tenía un olor muy suave que aún después de años recuerdo, sus manos eran delgadas y con dedos largos y delicados.
A Olguita le gustaba verme dibujar y yo trataba siempre de impresionarla con mis dibujos.
El tiempo pasó y nuestro noviazgo transcurrió con tranquilidad, hasta el último día de clases, en que mi hermana mayor fue al kínder y le dijo a Olguita, que si podía tomarle una foto conmigo, porque yo decía que era mi novia.
Ese día olguita se enteró de nuestro noviazgo y yo de qué tan caliente y rojo se puede poner un rostro por vergüenza.
Mi hermana estaba lista con la cámara para tomar la foto y yo tenía mis manos entrelazadas por mi espalda, esperando que pasara rápido ese trance, no quería ni mirar a Olguita por miedo a que me reclamara por haber dicho semejante mentira sobre nosotros, y pasó lo inesperado.
Mi vista estaba clavada en el pasto cuando de pronto sentí el roce de unos dedos suaves y alargados que tomaban con cariño mis manos, era olguita quien me daba la mano para que nos fotografiaran.
La miré y no había enojo en sus ojos, al contrario estaba sonriente, aún conservo esa foto y puedo decir que nunca me he visto en otra foto tan sonriente como aquél día.
A Olguita nunca la volví a ver, tampoco a mi amigo Joaquín. Cristobal y yo nos reencontramos en la primaria, pero ambos teníamos ya distintos amigos. Un día cuando me somé por mi ventana al regresar de la prepa, lo vi frente a mi casa masturbandose visiblemente drogado. Ya no me reconocía.
Yo no sé si alguno de ellos aún me recuerde, han pasado muchos años, me gustaría imaginar que sí.